Nos pasa a todos. Llegamos a una tienda de ordenadores y no sabemos qué escoger. Claro, este portátil es más barato que el otro pero no tiene la tecnología TalBright, aunque sí conectividad CualWireless, que me vendría genial para patatín, aunque no podré hacer nada de patatán. Por eso he diseñado unos cuantos pasos para que cuando vaya la próxima vez a comprarme una máquina, no me detén gato por ratón, por liebre, quiero decir. A ver si son útiles.

1. Qué necesito

Es lo primero que hay que preguntarse. Aquí te pongo una serie de preguntas que te viene bien hacerte:

  • ¿Voy a ver DVDs, DivX o escuchar música?
  • ¿Quiero tener los programas y juegos más punteros?
  • ¿Quiero escribir o usar aplicaciones como Office o OpenOffice?
  • ¿Lo que más usaré será Internet?
  • ¿Voy a utilizarlo para cargas de trabajo muy pesadas?

Las respuestas nos dan las coordenadas de qué equipo elegir con mayor acierto. Sí tu respuesta es sí a todo, cómprate el maquinón más caro, el que esté considerado en la tienda la joya de la corona. Lo máximo de todas las características.

Si sólo quieres algo que te sirva para tener Internet, tener tu contabilidad, tus bases de datos, escribir tus cosas, ver pelis y bajar cosas te vale cualquier procesador de los actuales, y una tarjeta gráfica normalita. Vamos, el ordenador normalito por debajo de los 1.000 euros. Claro está que si eres un purista, ya se sabe, burro grande ande o no ande, mayores pantallas y mejor sonido te garantizan una experiencia superior. Busca entonces una tarjeta gráfica por encima de los 256 y una de sonido de gama alta. Ah, y gástate otro extra en un buen equipo 7.1.

Sí lo que quieres además es jugar a lo más puntero, tener siempre la última versión del último programa, o simplemente te consideras un prosumer, búscate la posibilidad de que la máquina se pueda expandir en el futuro. Mira que tenga bahías libres para memoria RAM y suficientes puertos libres. Pero los prosumers suelen ser los que tienen más claro qué comprar y los que más desentrañan las máquinas.

Respecto a las memorias RAM ocurre algo paradójico, y es que no por tener mayor capacidad, el equipo nota ese incremento de rendimiento. Sucede que las diferencias de funcionamiento ocasionan cuellos de botella en el movimiento de la información. Por ello siempre es mejor dejar las configuraciones de los fabricantes o expandir con un módulo de memoria similar al ya montado, pero no tratar de arriesgarnos con configuraciones extrañas en las que el procesador, la tarjeta y otros componentes no tengan su funcionamieto optimizado.

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